sábado, 24 de octubre de 2015

A pesar de que Paul Celan (Czernowitz, Rumania, 1920—París, 1970) escribió desde un principio su poesía en lengua alemana, durante el periodo en que vivió en Bucarest (1945—1947) escribió una veintena de poemas en rumano. De la importancia de ese periodo habla con claridad el hecho de que Celan llegara a traducir en esta última lengua algunos textos de Kafka, así como el que su célebre poema "Todesfuge" se publicase inicialmente en traducción al rumano, con el título de "Tangoul mortii" ("Tango de muerte"). Según su biógrafo John Felstiner (Paul Celan: poeta, superviviente, judío), la de Bucarest fue ante todo una fase de indecisión y de búsqueda. Es visible en esos poemas rumanos la honda huella del surrealismo, pero también la de Kafka y la de ciertos rasgos del expresionismo







POEMA RUMANO



Ha llegado por fin el instante en que, delante de los espejos que cubren las paredes exteriores de la casa en que has dejado para siempre a la amada despeinada, enarboles en la cima de una acacia prematuramente florecida tu bandera negra. Cortante se oye la fanfarria del regimiento de ciegos, el único que te sigue siendo fiel, te pones la careta, prendes el encaje negro en las mangas de tu traje de ceniza, subes al árbol, los pliegues de la bandera te envuelven, comienza el vuelo. No, nadie ha sabido aletear como tú alrededor de esta casa. Ha anochecido, estás flotando boca arriba, los espejos de la casa se inclinan sin tregua para recoger tu sombra, las estrellas caen y te desgarran la careta, los ojos se revierten hacia tu corazón en el que el sicómoro ha encendido sus hojas, las estrellas también descienden todas, hasta la última, un pájaro más pequeño, la muerte, gravita a tu alrededor mientras tu boca soñadora pronuncia tu nombre.



 (Traducción del poema de Andrés Sánchez Robayna y Lilica Voicu-Brey)

sábado, 10 de octubre de 2015

EL LOCO
(Breve estampa de Madrid)

In memoriam Juan Ramón Jiménez


Camina el loco por la Plaza Cánovas del Castillo de un plácido Madrid cuando ya anochece, encorvado, vestido de luto, con su barba nazarena, cobrando un extraño aspecto, habla solo, de pronto chilla a la hermosa mujer rubia que viste ropa muy sexy con la que se cruza. Con una sumaria dignidad vertical de turista fortuito camino detrás de la hermosa mujer a la que parezco perseguir, todo es confuso y ambiguo cuando cruzo el Paseo del Prado hacia la acera donde se encuentra el hotel Ritz y la parada del 49, el autobús que me conducirá hasta la Plaza de Castilla, me detengo, se detiene la joven en el mismo lugar que yo, sigue el indigente piropeándola, riendo con evidente complicidad y alivio entre la gente que pasa para un lado y otro, y que me mira sorprendida, asombrada, adquiero de pronto la sensación de portar una rara apariencia, me grita ahora a mí el perturbado, inquiriéndome, interrogándome por qué la persigo
Continúa caminando el loco frente al resplandor hiriente de los ventanales del lujoso hotel, alejándose, pero aún así prosigue gritando entrecortadamente mientras se vuelve de vez en cuando a vociferar. Ya no soy capaz de distinguir a quién chilla, si a la hermosa mujer rubia o a mí. Delante de nosotros está Neptuno, dios de las aguas, que es testigo de la escena, frente a un precioso cielo inmenso y puro, de un incendiado Madrid de finales de Junio, me siento a aguardar el autobús, quizás sea tarde, continúo mirando de soslayo a la mujer que también sentada habla ahora por el teléfono móvil cerca de mí, siento su respiración, su perfume, sin saber por qué pienso con más fuerza en mi semblante, trato con mucho esfuerzo de distinguir la silueta del loco que debe de estar ya cerca de la plaza de Cibeles.
Desde allá lejos, entre los árboles del paseo, por los altos edificios vienen unos gritos muy agudos, afilados, entrecortados:
-¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!
A estos gritos le sucede un gran rumor, un extraordinario murmullo:
-¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!

No distingo las diferentes voces en este momento, quizás sea el menesteroso que reanuda sus gritos o tal vez la gente que pasaba hace un rato junto a mí que se agolpa cerca ya de la Plaza de Colón, y no ceja de bramar.


lunes, 5 de octubre de 2015

POEMA

Nunca 
he sido tan
pobre, Lamia,
y tan feliz
a la vez.

             (Imagen: Carmen Cantabella. Los tres mosqueteros. Acrílico-tela 90 x100 cmts.)

jueves, 1 de octubre de 2015

GRANDES PERSONAS

Al maestro D. Juan del Encina, en homenaje




Tan decente, honrado y cabal
era Demetrio, que solo era capaz
de engañar a su amante
con su querida esposa, Mariana,
esa magnífica mujer
que era, sin duda,
el gran amor de Demetrio,
una divina hembra
que  a su vez,
era incapaz de traicionar a su macho
únicamente
con su amante de toda la vida.

Como se puede apreciar:
Mariana y Demetrio,
dos grandes personas,
además de
muy cabales, honrados y decentes.
     
                                                                                 (D. Juan del Encina)