martes, 31 de diciembre de 2013

COMPENDIO PARA ESCRIBIR UN RELATO


 I- Planteamiento.
Acompáñenme queridos lectores, vamos a escribir un relato. Para comenzar la narración busquemos un protagonista, por tanto diremos que,
 Desde hace un tiempo Chacón, este sombrío y aburrido oficinista, gran aficionado a la Literatura, escribe relatos en su tiempo libre, de cualquier actividad, experiencia o fantasía escribe un relato, y lo hace sin el menor pudor, le da igual que sea bueno, malo o regular, todos los conserva y los va almacenando en su ordenador, y posteriormente los imprime y guarda en una carpeta que conserva cuidadosamente. El último es éste que está usted leyendo ahora mismo querido lector, y que según Chacón va haciéndose prácticamente solo, sin demasiado esfuerzo, en realidad lo inventó o tal vez le ocurre, le ocurrió todo esto cuando acude o acudió a la consulta del psiquiatra en la calle de la Merced de la bella y olvidada ciudad de Recuerdo, o quizás todo comience en pleno hastío mientras aguardaba en la sala de espera de la consulta, o hace cinco años en otra visita anterior, nunca se sabrá, como verán siempre el juego de la realidad y lo fantástico, la anulación de tiempos y de espacios, así pues sigamos escribiendo el relato queridos lectores, no me abandonen por favor, con su participación siempre mejor, los conocidos lectores cómplices. Ahora es el momento de decidir si utilizamos el método clásico tan a mano,  pero por otro lado tan manido: planteamiento, nudo y desenlace, también si lo creen conveniente decidamos la hermeticidad del relato, busquemos el absurdo como material de trabajo, la vulnerabilidad de la realidad, el lenguaje, y otros elementos que podamos decir, evidenciar, que el relato se va poco a poco conformando.
II. Nudo.
De tal manera sigamos narrando queridos lectores, siempre con su ayuda, y hagámoslo de la misma manera, es decir en tercera persona, si ustedes creyeran necesario en este periodo del nudo cambiar, sólo tendrían que hacer una advertencia, y entonces probablemente cambiaríamos, entretanto,
 Cuando Chacón subía a la consulta del psiquiatra se encontró en el ascensor con un matrimonio (no podían ser otra cosa), después del saludo obligatorio, aquel se dirigió educadamente al marido para preguntarle a qué piso iban, éste le contestó categóricamente y muy seguro de sí mismo que al segundo. Cuando nuestro protagonista pulsó el primer piso sintió cómo aparecían las primeras sombras de duda del marido que lanzó una mirada que exhibía su incertidumbre, y reclamaba la ayuda de la esposa. Bajándose del carro de la arrogancia y la prepotencia, y tragándose el orgullo, ese señor le preguntó a Chacón que dónde estaba la consulta del psiquiatra Fernández de la Loma, a lo que nuestro protagonista le contestó con cierta indiferencia que estaba en el primer piso. El marido automáticamente y sin el menor complejo se dirigió de nuevo a su esposa, increpándola y recriminando su despiste, culpándola del error, pues él bien sabía que la consulta del afamado psiquiatra se encontraba en el primer piso.
III. Desenlace
Si acaso, dejemos que sea Chacón cerca ya del desenlace final del extraño relato quien cuente, cedámosle el privilegio, seamos benévolos, y si él considerara oportuno en cualquier momento cambiar de persona al contar, por supuesto que lo haga,
 De este modo permítanme queridos lectores que termine de contar lo que hay que contar, y déjenme que elija un final cerrado o tal vez abierto, o sorpresivo, aunque mejor lo haré sobre la marcha y que sea  el propio relato quien lo vaya indicando, entonces
 Fue en ese momento de tensión al salir del ascensor, a punto de entrar en la consulta, cuando me vino la idea de escribir este absurdo relato (que bien puede ser bueno, malo o regular), pero siempre necesario queridos lectores, o quizás fue que mientras esperaba mi turno en uno de los sillones de la consulta del psiquiatra, estaba tan aburrido que el saqué el cuaderno de notas que habitualmente llevo siempre en la chaqueta, enseguida me dio por pensar, imaginar, inventar o contar algo acaecido, contar el  planteamiento, nudo y desenlace de esta ingenua o excepcional experiencia, e hice una narración cualquiera, ya saben,
 Consistía en que yo había llegado hasta allí después de encontrarme con un matrimonio que discutía en el ascensor sobre el  piso en que se hallaba la consulta del psiquiatra, la misma donde yo me dirigía, el lugar donde aún sigo esperando mi turno para contarle al Dr. Fernández de la Loma mi estado actual después de llevar dos meses tomando antes del desayuno las píldoras de color rojo.


Este relato se publicó en El cuadernillo La Molineta.( 2.006)
                                                          

                                                                      


domingo, 29 de diciembre de 2013

LECTURAS MUY RECOMENDABLES


DE VUELTA AL MAR. ANTOLOGÍA POÉTICA.
ROBERT LOUIS STEVENSON. (REINO DE REDONDA, 2.013)




REQUIEM
 
 
Bajo el inmenso y estrellado cielo,
cavad mi fosa y dejadme yacer.
Alegre he vivido y alegre muero,
pero al caer quiero haceros un ruego.
 
Que pongáis sobre mi tumba este verso:
“Aquí yace donde quiso yacer;
de vuelta del mar está el marinero,
de vuelta del monte está el cazador”


(Traducción de Javier Marías)


sábado, 28 de diciembre de 2013

MÚSICA



MARAVILLOSO POEMA DE MIGUEL HERNÁNDEZ CANTADO POR JUAN MANUEL SERRAT.






LIBROS DE RECUERDO



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PLAZA DE BELLUGA. JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO.

EDICIÓN PRIVADA. 2.008.


         Una plaza, la de Belluga en este caso, que bien podría ser otra plaza cualquiera de otra ciudad, que habla de sí misma y de su historia. Un hombre, un poeta que la recorre y la contempla meditativo a diario, prestando su voz para que todo sea palabra, poesía.
         Bajo estos dos parámetros discurre el libro de poemas: ‘Plaza de Belluga’ de José Luis Martínez Valero (Águilas,1941). Y esos dos parámetros forman una escisión entre el que es mirado y el que mira, creando a su vez varios horizontes, en los cuales, ciertos elementos conforman una bella y hermosa dicotomía: el pasado y el presente, la infancia y la madurez, la historia y el día a día, la luz y las sombras, la lluvia y la arena de la piedra, la escritura y lo que nada está escrito, las voces y el silencio, la memoria y el olvido, el dolor y la indolencia, la rutina y, lo novedoso y el entretenimiento.
Entre todos los elementos citados anteriormente brota en deslumbrante ordenación la voz del poeta que se impone con vertiginosos pensamientos que deslumbran al lector, un universo que sólo puede darse en los poemas de José Luis Martínez Valero, un poeta que después de unos años de silencio, irrumpe de nuevo en el panorama literario con unos intensos versos muy bien construidos que poseen el tono preciso, coloquial y nítido, sin adornos, inteligente y profundo desde la experiencia de los años vividos.

         Un gran libro: “La plaza de Belluga”, de un excelso poeta que los amantes de la Literatura felicitamos efusivamente desde este Blog.


                                 José Cantabella
LECTURAS MUY RECOMENDABLES.


POESÍAS COMPLETAS. KONSTANTINO KAVAFIS.

LIBROS HIPERIÓN. TRADUCCIÓN DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ.

MARAVILLOSA EDICIÓN DEL AÑO 1.976 QUE CONSERVO COMO ORO EN PAÑO.





CUCHILLOS







No despreciemos los cuchillos.
Por muy indefensos
que algunos
aparenten ser.
Y sobre todo, no nos fiemos.
Ya sabemos
que los hay con sierra,
de punta fina, muy afilados…
Ellos, siempre están ahí, mirándonos,
acechando, esperando
su oportunidad en la cocina,
dispuestos a atacarnos
y hundir
su cuerpo en el nuestro.
Por tanto, dejémoslos sin desprecios
en el cajón de los cubiertos,
bien cuidados y aseados
por si algún día
hubiera que utilizarlos,
Mejor partamos todo con los dedos,
y, si no fuera posible,
con las manos o los dientes,
así, jamás,
le daremos la oportunidad
tan ansiada por aquellos
de demostrarnos
lo verdaderamente indefensos que son.



Este poema escrito en Enero del año 2.013 es inédito.







viernes, 27 de diciembre de 2013


TANGO

                                 In memoriam Edmundo Chacour

Desde el fondo
de la sala, arremete
dulcemente,
la aerofonía
del bandoneón.
El cantor
en el centro,
canta
con nostalgia
el bello tango,
luego, los bailarines
bailan
al compás
de la música.
Todo gira,
y, es amor. Después,
el público de Recuerdo,
turbado,
susurra, murmura:
Mi Buenos Aires querido.
El tango urbano,
sensual y complejo
quita finalmente
la tristeza de la sala
con su lenguaje
sacro,
casi religioso.
Un sinfín de emociones.
Hasta que salgo
feliz
y dichoso de la sala;
en la calle, es noche
hermosa,
y, bajo la luna porteña
entono
mi particular:
Volver, con la frente marchita.
Entonces, me pierdo
por las calles
laberínticas
de Buenos Aires.


 Este poema se publicó en el Periódico El Noroeste el 20-11-2.010

miércoles, 25 de diciembre de 2013

LIBROS DE RECUERDO






PUBIS PÚBER. ANTONIO SOTO.
(Pictografía Ediciones. 2.011)

Excelente libro.
Poesía amorosa, y así calificó su autor estos versos cuando se publicaron, y por supuesto también han sido de este modo considerados por los lectores y críticos literarios. Poesía amorosa, en efecto, repleta de erotismo; pues la poesía amorosa, la poesía erótica, no sólo tiene que aparentarlo, sino que ser de verdad; si el lector no se la cree, y no la siente así como tal, no puede ser por él entendida.
 En la poesía amorosa, erótica, no debe haber impostura, pose, pierde rigor, la auténtica poesía amorosa, erótica, tiene que ser dicha, cantada con contundencia y sutileza a la vez, como la dice, como la refiere el poeta de Librilla, Antonio Soto (1.952), en estos poemas.
 Y con la misma contundencia también, se podría afirmar que este es un libro muy erótico, con unos excelentes poemas, muy trabajados, poemas libres de retórica y artificios, en donde prima, la sencillez y la hondura, al mismo tiempo. Este poemario, ‘Pubis, Púber’, es además, un ejercicio poético que recorre todas las latitudes de lo amoroso y erótico, un canto a la vida, a las mujeres, ya que a ellas van dedicados estos espléndidos y vigorosos poemas, revestidos de una gran originalidad. Decir también que este libro es el sucesor directo, heredero, de otro gran libro que escribió Antonio Soto en el año 1.999, su primer libro, “Lolitas”.
En ‘Pubis Púber’ también aparecen una serie de temas que el poeta no descuida en absoluto, como es el paso del tiempo, la muerte, y otros temas propios de la condición humana: la envidia, el egoísmo, los celos, las pasiones, la mojigateria, y otros asuntos que con enorme ironía el poeta va engarzando en los poemas, constituyendo todo un tratado erótico-amoroso, todo un acuerdo sobre la condición humana.
 Por tanto, un poemario de celebración, lleno de sabiduría y lozanía, donde se mezcla clasicismo y modernidad, novedad y tradición,  poemario que bien podría haber sido escrito hace 2.000 años o haber sido escrito en el año 2011, como así fue realmente.
Sin duda alguna, un excelente libro, que incluye en la contraportada, un hermoso texto del poeta y articulista, Soren Peñalver. Así mismo, con una bellísima y cuidada edición a cargo de Pictografía Ediciones, y como no, con ilustraciones del propio autor, que llenará de gozo a los lectores que se aproximen a ‘Pubís Púber’.

                                               José Cantabella














                                                



                                                NAVIDAD


                                                          
            La inesperada noticia de la repentina enfermedad de Doña Leonor nos llegó a eso de las seis de la tarde, fue Sara la que nos telefoneó inmediatamente. De forma simultanea fue llamando también al resto de los miembros de la familia que nos reuníamos esa noche a cenar en casa de los padres políticos para celebrar la Nochebuena. La noticia no la podíamos creer, ya que Doña Leonor siempre había conservado una salud de hierro, por eso no dábamos crédito a lo que oíamos al otro lado del teléfono, a esos gritos que se oían de fondo y que daba don Florencio, pidiendo un médico; no podía ser que ese pequeño desmayo llegara en las postrimerías de una noche tan importante para nosotros, para una familia con tanta tradición en celebrar la Nochebuena...
            Cuando llegamos nosotros, el médico se encontraba explorando a la paciente en la habitación grande, la puerta de la habitación matrimonial estaba cerrada a cal y canto, había órdenes precisas para que nadie osara a entrar; de ello se encargaba Sara. Ninguno de los que habíamos llegado a la casa hicimos el menor intento de entrar, ya que la autoritaria sirvienta, después de treinta años de servicio en la casa se había ganado un merecido respeto. Lo único que sabíamos en ese momento era que dentro de la habitación estaba Don Florencio con el doctor Moreno, junto a la enferma, la supuesta enferma.
            Nos fuimos al salón de la casa donde estaba dispuesta la gran mesa para la cena, nos íbamos reuniendo allí los restantes miembros de la familia conforme llegaban a la casa, y hacíamos los primeros comentarios, maldiciendo a la fatalidad por un imprevisto tan desgraciado, pero en todo momento y eso si que queremos decirlo desde el principio, que nunca tuvimos la menor duda de que la cena se celebraría, a pesar de este lamentable percance.
            Después de un buen rato de espera en el salón, apareció Don Florencio informándonos, que la enferma había mejorado, que en principio según el médico no era preciso trasladarla al hospital, pero tenía que guardar reposo riguroso, y tomar unas pastillas, acaso si evolucionaba bien a la llegada de la noche, doña Leonor se podría levantar un ratito para poder cenar junto a sus cuatro hijos, las mujeres de éstos y los nietos. También dijo que debería de haber un gran silencio en la casa, y sería preciso que los niños aguardaran en la habitación del fondo para evitar molestias. El médico salió de la habitación dirigiéndose también al salón y una vez en él dio las instrucciones oportunas, se despidió de la familia deseándonos una feliz noche, para terminar dijo que si había cualquier recaída no dudáramos en llamarlo por teléfono, le dijo algo en el oído a Carlos, el hijo mayor (pero ninguno de los que estábamos en el salón llegamos a escuchar lo que le había dicho) e inmediatamente salió de la casa.
            Reunidos todos en el salón, una vez escuchadas las instrucciones médicas decidimos la forma de organizarnos para poder atender debidamente a la enferma (sólo el marido y la sirvienta tuvieron el permiso de entrar en la habitación) y de paso poder preparar la cena, que era tan importante para nuestra familia. Decidimos que había que adelantar la hora prevista para evitar incidentes posteriores dado el estado de Doña Leonor.
            Enseguida nos fuimos a la cocina a poner en marcha la cena, nos repartimos funciones, siempre bajo la autorización de Sara, que iba y venía de la habitación de la enferma con instrucciones concretas de ésta, que era la que en realidad dirigía la acción, siempre había sido así, doña Leonor era la que año tras año se había encargado de preparar la cena de Nochebuena. Al rato de estar en la cocina, alguno de nosotros tuvo la idea de abrir una botella de vino para empezar a animar un poco la noche, en verdad ésta era una costumbre de siempre, aunque todos nos miramos interrogándonos si ésta decisión le disgustaría a Sara, que en ese momento llegaba a la cocina con la noticia de que a la señora le había repetido el desmayo, quizás un poco más flojo que la vez anterior, y que el señor de la casa había dicho que alguno de los hijos llamara urgente por teléfono al médico. Fue Carlos el que llamó al doctor Moreno, para informarle del nuevo vahído de doña Leonor, el médico, recomendó que se le diera una de las pastillas que había dejado junto a la mesita de noche y que la dejaran dormir hasta la hora de la cena.
            Mientras seguíamos los preparativos de la cena alguno de nosotros nos habíamos acercado por el gran pasillo de la casa a la habitación de la enferma y habíamos intentado pararnos junto a la puerta y poder escuchar algo de lo que ocurría dentro, ya que Sara hacía un rato que no nos traía noticias, pero no se escuchaba nada desde fuera, nuestra preocupación en ese momento crecía, ya que nos daba la impresión de que las cosas no iban bien y corría el peligro de que en cualquier momento se tuviera que retrasar la cena y salir a toda prisa para el hospital. Pero afortunadamente la sirvienta vino al rato hasta la cocina con la noticia de que la anciana se recuperaba estupendamente y no había motivo de mayor preocupación.
            A las nueve de la noche todo estaba preparado para cenar, los hijos enviaron a la sirvienta para que intentara levantar a la enferma, y pudiera cenar con el resto de la familia. Vimos aparecer por el pasillo a Doña Leonor con  gran palidez en el rostro junto a la sirvienta, a pasos muy lentos se dirigían al salón, y nos dio una gran alegría, ya que algunos de nosotros habíamos pronosticado que Doña  Leonor no estaría en condiciones de cenar junto a toda la familia. Avisaron también a los niños, que salieron en tropel en ese mismo momento de la habitación del fondo, y estuvieron a punto de tirar a la abuela al suelo, hubo en ese momento un gran silencio; ya que íbamos casi todos por el gran pasillo de la casa, al que habíamos ido a esperar a doña  Leonor a la puerta de su habitación.
            Con un gran esfuerzo físico sentó Sara a la anciana en su sitio de siempre en la  gran mesa del salón, también en ese momento nos sentamos todos alrededor de ésta en nuestros sitios habituales, por un momento llegamos a pensar que todo andaba bien, que la cena discurriría como todos los años. Enseguida empezó a servir Sara los diferentes platos que se habían preparado, Don Florencio sentado junto a su mujer parecía estar de  buen humor, los niños empezaban a alborotarse como de costumbre antes de ser servidos. Todos mirábamos a Doña Leonor, contemplábamos su cara pálida, cuando de pronto la anciana se desplomó sobre la silla, los ojos se le pusieron en blanco bajo unos párpados que oscilaban de una manera mecánica. Rápidamente el marido pidió las pastillas que había recomendado el doctor Moreno, y fue Carlos el que corrió hasta la habitación de sus padres para llegar de nuevo al salón con el remedio; también fue el hijo mayor el que le abrió la boca y le introdujo a la madre dos pastillas en la boca, unos instantes después
 doña  Leonor recobró el conocimiento y pareció sentirse mejor, por lo cual  decidimos  que  la  anciana  permaneciera  en  la  mesa  para poder  ser  controlada  mejor  mientras  terminábamos  de  cenar.  Por otra parte, el marido no dejaba en ningún instante de                                   preocuparse por ella, y esto servía para que nosotros pudiéramos disfrutar un poco más de una noche tan especial.
            La verdad es que cenamos con mucha prisa, sin dejar de observar en ningún momento a la enferma, que apenas se molestaba en llevarse algo de comida a la boca, suponíamos por otro lado que la pobre no tendría mucho apetito, por lo cual después de los postres aceleramos el trámite del champán y los dulces, decidiendo pasar enseguida a cantar los villancicos que año tras año habíamos ido aprendiendo en nuestra familia.
 Mientras cantábamos los villancicos, la enferma parecía tener mejor cara, serían las pastillas que por fin le estaban haciendo el efecto deseado por todos nosotros, además procurábamos no alzar mucho la voz para que ella no se sintiera en ningún momento incómoda, aunque éramos conscientes de que a ella las fiestas navideñas siempre le habían gustado mucho; incluso en algún momento observamos como hacía grandes esfuerzos en mover los labios para acompañarnos en nuestros cantos.
Pasados unos minutos de la media noche pensamos que lo mejor era  dar por terminada la cena navideña, no procedía alargar la estancia en casa de los padres políticos, ya que ellos son gente que acostumbra acostarse temprano, y más dadas las circunstancias de la noche; también los niños cuando llegan esas horas se ponen insoportables. Antes de irnos ayudamos un poco a Sara a recoger la mesa, aunque ella se negaba; tras lo cual nos despedimos de Doña Leonor y de Don Florencio; nos obstinamos en ayudar a acostar a la anciana, a lo cual ella se negó, prefiriendo quedarse un rato viendo la televisión, cosa que irritó a alguno de sus hijos, sobre todo a Carlos que se hubiera marchado mas tranquilo con la enferma en la cama. De todas maneras al irnos, insistimos a Sara que no dudara en llamarnos por teléfono en cualquier momento si Doña Leonor empeoraba.

A las diez de la mañana del día siguiente sonó el teléfono, nosotros que aún seguíamos en la cama nos asustamos mucho, pensando que la anciana habría empeorado, pero al coger el teléfono rápidamente desapareció la preocupación, porque era Doña Leonor, y por la voz parecía recuperada del todo; nos invitaba a comer ese día en su casa, para celebrar como Dios manda la comida del primer día de Navidad, que es tan tradicional en una familia como la nuestra.


                                                       Altorreal. 25-12-2000.

                                                                   















viernes, 20 de diciembre de 2013

                      UN ESCRITOR MARGINADO


                                                                          A Manuel Moyano
                                                                                 
A Chacón ya no le preocupa quedarse sin ideas para seguir escribiendo su primera novela, pero sigue teniendo un gran desasosiego. Lo que hace cuando se queda vacío es que se va al Quiosco de Ideas que acaban de inaugurar en la Calle Trapería y trata de comprar unas cuantas. El dependiente le saca el muestrario y Chacón va eligiendo mientras el otro le va diciendo los precios. El problema es que el pequeño sueldo de oficinista no le da para comprar muchas ideas, por eso trata de comprar las más baratas o  encontrar ofertas, aunque también tiene la impresión de que el dependiente le tiene manía, pues sospecha que éste debe de tener varios muestrarios, pues sabe de algunos escritores tan pobres como él que acuden al mismo establecimiento y sin embargo escriben varias novelas al año y todas de gran calidad.



*Este microrrelato pertenece a mi libro: 'Historias de Chacón' (Editora Regional de Murcia, 2.005)
    

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL BÚHO


            Para Antonio Molina

El búho, ese ave rapaz
de mirada limpia,
canta todas las noches
en La Vidriera, su guarida,
haciendo breves interludios para otear
a un público asombrado,
que enardecido aplaude,
sueña, ríe, llora, vibra,
le lanza besos, gladiolos y jazmines.
Luego, sigue cantando
hasta quedarse solo.
Más tarde, como todos los días,
llega la aurora
susurrando palabras con amor al estrígido:
“hasta mañana, que descanses,
que pases una buena jornada”.
Entonces, el búho,
apaga dulcemente su voz,
y, abatido pero feliz, duerme
en las altas ramas de La Vidriera.


*Este poema pertenece a mi poemario: ‘Afán de certidumbre’ (Azarbe, 2.009)
LECTURAS MUY RECOMENDABLES



 

EL VERBO SE HIZO CARNE. RUBÉN CASTILLO.
Alfaqueque ediciones. 2.013.

Acaba de ver la luz, el extraordinario libro de relatos eróticos, “El Verbo se hizo carne’, de Rubén Castillo (Blanca, Murcia, 1966), publicado por Alfaqueque Ediciones, prestigiosa ya, y valiente iniciativa que regenta con gran criterio, el editor, Fernando Fernández Villa. Libro que fue publicado originalmente en al año 1.997 con el título ‘Imágenes prohibidas de la Biblia’, libro muy bien acogido por la crítica en ese año. Este volumen está compuesto por siete excelentes relatos, y un dictamen moral a modo de prólogo o preámbulo. Relatos que  están fundamentados en pasajes muy conocidos de la Biblia, por cierto, el libro más leído de la Literatura Universal. Un libro, el de Rubén Castillo, que en cierto modo es heredero de “El evangelio según Jesucristo” de José  Saramago, aunque ‘El verbo se hizo carne’ tiene otro discurrir, con una vida muy propia, muy definida, muy particular, relatos trazados por el escritor murciano con su habitual maestría. Aquí en estos textos el autor, siempre a través básicamente de lo erótico, la ironía, el humor, y el talante metapoético está reescribiendo La Biblia, sin duda de una manera más cercana, más apasionada, más amorosa; y en esta reescritura se disuelven las dudas de que los personajes estén pecando de alguna manera, de igual modo que el narrador tampoco puede ser acusado por el ávido lector de la más mínima ingenuidad, malicia o retorcimiento, pues todo lo dicho en estos relatos, principalmente eróticos, narrados de forma muy precisa, en mi opinión muy particular, no se podrían escribir de otra manera, cosa que evidencia también que este no es un libro pornográfico, pues puede haber gente que se confunda en ese sentido…
Por otro lado, habría que destacar la extraordinaria técnica y oficio del autor de este libro, unos textos escritos con un lenguaje barroco, utilizando además, un lenguaje altamente poético, que no prosa poética, con una prosa límpida, un atinado ritmo de esa prosa, plagada de un altísimo valor estético.
Los personajes bíblicos de ‘El verbo se hizo carne’,  y eso se descubre recién comenzada la lectura de cualquier relato, no existen, ni importan por sí mismos, son como marionetas a los que una voluntad superior no siempre está fijado a un destino predecible, destino también sujeto al capricho del narrador, el mismo  que maneja esos hilos  a su propia voluntad, a su antojo; entonces, es ahí donde se aprecia abiertamente la omniescencia narrativa, pues es una de las claves de estos relatos. El narrador, experto en tradición oral, el contador de historias, lo sabe todo, absolutamente todo, tejiendo una colectiva red, además, el autor a sus personajes los espía y está al acecho de todos sus quehaceres y corredurías, aunque como acto generoso, libertino y libertario a la vez, en ningún momento juzga esos actos mayoritariamente carnales, perversos y amorosos.
Destacar también de estos excelentes relatos que todos los personajes históricos, se reconocen muy bien, y pueden ser aplicados a comportamientos y estéticas de los tiempos que corren hoy día. Cualquier asunto o trasunto temático está entroncado perfectamente con lo ocurre en cualquier existencia vital de un ser humano del siglo XXI.
Si los llamados, guiños y señales que ofrece este excelente libro de relatos no fueran lo suficientemente importantes para convencer a los incrédulos de que Rubén Castillo, gran apasionado a la Literatura, siempre ha escrito escuchando el sonido de cada palabra minuciosamente, poco comprenderán algunos aspectos del libro, aspectos que cada lector tiene que buscar por sí mismo. Por tanto, quien lea a este gran autor, se aproximará también a un hombre bueno, excelente profesor, gran lector, un hombre en definitiva que escribe y que ha sabido orquestar, dirigir con gran maestría unas narraciones que nacieron con vocación de un sutil erotismo, ironía y humor.
Ya solo me resta felicitar a Fernando Fernández Villa, excelente y vocacional editor, máximo responsable de Alfaqueque Ediciones, por haber creído en este gran libro escrito por un excelente escritor, ya consagrado como uno de los mejores escritores que ha dado la Región de Murcia en todos los tiempos, y uno de los valores en alza de la Literatura española actual.

José Cantabella



Esta reseña apareció en el blog: 'El placer de la lectura' el día 17 de Diciembre 2.013.