domingo, 21 de enero de 2018

CARTA AL SEÑOR PRESIDENTE




Señor Presidente:

Que no sea yo, Señor Presidente, el que diga que su voluntad no está por la mejora de los problemas de la Región de Murcia, ni tan siquiera sea el que narre en este momento que es usted una buena persona, un joven emprendedor, bien formado, con muchas ganas de hacer cosas bonitas por su región, la nuestra, la mía; además, desde que lo conocí a través de la prensa me causó empatía, sobre todo porque llevamos el mismo segundo apellido, señor Fernando López Miras. 
El asunto clave de esta carta, la piedra angular, es que su partido vive un declive terrible, y usted fue designado a dedo por una persona que está imputada por una serie de delitos, y no pocos. Claro, estos últimos tiempos convulsos para sus siglas están  apareciendo a diario disidentes tanto de aquí como de allí, que vienen a decir y advertir a los ciudadanos que su partido necesita una grandísima regeneración y un congreso interno democrático, menos fotos y más soluciones a los problemas de nuestra región; le cito unos pocos que no desmerecen de los muchísimos existentes, pues sería la lista tan interminable que no cabría en este Antiartículo: el aeropuerto de Corvera, el soterramiento de las vías del tren a su paso por Murcia, el Mar Menor, el campo y sus agricultores, estos días el señor Roque Ortiz y su despotismo, la cultura en general, en particular los museos, en fin, estos pocos asuntos que, como decía anteriormente, nos ocuparía demasiado espacio solo para nombrarlos todos.
Yo no sé cual es su propósito inmediato, supongo que querrá ser reelegido (ahora de forma democrática) por los ciudadanos murcianos en las próximas elecciones autonómicas, que ya no queda mucho tiempo, y ése propósito salvar a nuestra región, pero mi consejo es que se vaya a casa, a su vida anterior, a sus asuntos profesionales, creo que es usted abogado; sería lo mejor que le podrá pasar a su vida privada y a la política; usted sabe como yo que su partido, el PP, es un partido corrupto, el mayor partido político corrupto de Europa, los casos aparecen aquí y allá, por doquier, y ustedes capeando como pueden el ventarrón y sin poner soluciones a los problemas verdaderos; y ahora les salen competidores a nivel regional y nacional. Vaya papeleta la suya, señor presidente, creo que esto usted no lo va a levantar, entre otras cosas porque los disidentes de allá y de aquí, no lo van a dejar, existe mucho cieno dentro de su partido (ya se encarga de ello el señor Valcárcel y otros).
En nuestra región, el señor Alberto Garre puede y cuenta con muchas probabilidades de ser el próximo mandatario regional, su sustituto, y los señores, Rivera y Sánchez también es muy posible que lleguen al poder nacional antes que su partido, sustitutos de D. Mariano; el resto de partidos están descartados por su mala gestión de los últimos tiempos. Es la realidad, señor López, los ciudadanos ya no son tontos y corderos con un carácter afable y servil, propio que diría el señor Ballesta, no, eso ya pasó, déjelo, dimita y ponga esto patas arriba en su cancha, no hay mejor fórmula para la verdadera regeneración de tantos despropósitos como empezar de nuevo.
Dicho queda con todos mis respetos, señor Miras, váyase y salve señor presidente, la honra de nuestra región y por supuesto, hágalo por nuestro segundo apellido, que no merece tan triste desagravio.

Se despide atentamente:


José Cantabella (ciudadano atónito).





jueves, 4 de enero de 2018

DOS TEXTOS PARA UN MISMO CANTO



in memoriam Dña. Mireya


UNO


I

Desde el laberinto
de la incredulidad
veo
una Navidad extraña, y
dentro
en un lejano pasillo
una mujer entubada; más allá,
su nieta,
que muy triste
en el box de una Uci
muy lejana
la asiste, llora, y afuera, nieva,
entonces, vislumbro
la ciudad envuelta en
risas, bares y copas, calor
y dicha mentirosa, postureo,
alacranes y bichos posando
ante flashes de celulares.
Mi escepticismo aumenta.

II

Nieva todavía
en esta navideña y extraña ciudad;
aunque espero que
en tres días o antes,
cese
el dolor de la nieta,
y que su dios
remedie
el sufrimiento de los hospitales,
el de las nietas, los hijos,
y todas aquellas criaturas
del amor.



DOS


Por eso quizás, el  amor, la muerte y la naturaleza son caprichosos. Estos tres elementos vitales tan cotidianos aparecen y desaparecen a su libre albedrío, me asaltan las tres cruciales palabras estos días ridículos y sin sentido, días de felicidad condicionada que vivimos en unos tiempos de oprobio, desverguenza y abundancia.
No entiendo aún por qué una mujer anciana muere abrasada en un ridículo accidente domestico y el mundo no se detenga; tan solo para unos pocos, se acabó la vida, lo que eran risas, felicidad, postverdad y festejos, se los llevó el infierno de aquellos diez minutos.
Ahora solo les resta a sus seres queridos el perverso recuerdo de una felicidad casi irrecuperable, una felicidad que solo la traerá un viento lejano con su hojarasca de oro de araguaney.