martes, 31 de diciembre de 2013

COMPENDIO PARA ESCRIBIR UN RELATO


 I- Planteamiento.
Acompáñenme queridos lectores, vamos a escribir un relato. Para comenzar la narración busquemos un protagonista, por tanto diremos que,
 Desde hace un tiempo Chacón, este sombrío y aburrido oficinista, gran aficionado a la Literatura, escribe relatos en su tiempo libre, de cualquier actividad, experiencia o fantasía escribe un relato, y lo hace sin el menor pudor, le da igual que sea bueno, malo o regular, todos los conserva y los va almacenando en su ordenador, y posteriormente los imprime y guarda en una carpeta que conserva cuidadosamente. El último es éste que está usted leyendo ahora mismo querido lector, y que según Chacón va haciéndose prácticamente solo, sin demasiado esfuerzo, en realidad lo inventó o tal vez le ocurre, le ocurrió todo esto cuando acude o acudió a la consulta del psiquiatra en la calle de la Merced de la bella y olvidada ciudad de Recuerdo, o quizás todo comience en pleno hastío mientras aguardaba en la sala de espera de la consulta, o hace cinco años en otra visita anterior, nunca se sabrá, como verán siempre el juego de la realidad y lo fantástico, la anulación de tiempos y de espacios, así pues sigamos escribiendo el relato queridos lectores, no me abandonen por favor, con su participación siempre mejor, los conocidos lectores cómplices. Ahora es el momento de decidir si utilizamos el método clásico tan a mano,  pero por otro lado tan manido: planteamiento, nudo y desenlace, también si lo creen conveniente decidamos la hermeticidad del relato, busquemos el absurdo como material de trabajo, la vulnerabilidad de la realidad, el lenguaje, y otros elementos que podamos decir, evidenciar, que el relato se va poco a poco conformando.
II. Nudo.
De tal manera sigamos narrando queridos lectores, siempre con su ayuda, y hagámoslo de la misma manera, es decir en tercera persona, si ustedes creyeran necesario en este periodo del nudo cambiar, sólo tendrían que hacer una advertencia, y entonces probablemente cambiaríamos, entretanto,
 Cuando Chacón subía a la consulta del psiquiatra se encontró en el ascensor con un matrimonio (no podían ser otra cosa), después del saludo obligatorio, aquel se dirigió educadamente al marido para preguntarle a qué piso iban, éste le contestó categóricamente y muy seguro de sí mismo que al segundo. Cuando nuestro protagonista pulsó el primer piso sintió cómo aparecían las primeras sombras de duda del marido que lanzó una mirada que exhibía su incertidumbre, y reclamaba la ayuda de la esposa. Bajándose del carro de la arrogancia y la prepotencia, y tragándose el orgullo, ese señor le preguntó a Chacón que dónde estaba la consulta del psiquiatra Fernández de la Loma, a lo que nuestro protagonista le contestó con cierta indiferencia que estaba en el primer piso. El marido automáticamente y sin el menor complejo se dirigió de nuevo a su esposa, increpándola y recriminando su despiste, culpándola del error, pues él bien sabía que la consulta del afamado psiquiatra se encontraba en el primer piso.
III. Desenlace
Si acaso, dejemos que sea Chacón cerca ya del desenlace final del extraño relato quien cuente, cedámosle el privilegio, seamos benévolos, y si él considerara oportuno en cualquier momento cambiar de persona al contar, por supuesto que lo haga,
 De este modo permítanme queridos lectores que termine de contar lo que hay que contar, y déjenme que elija un final cerrado o tal vez abierto, o sorpresivo, aunque mejor lo haré sobre la marcha y que sea  el propio relato quien lo vaya indicando, entonces
 Fue en ese momento de tensión al salir del ascensor, a punto de entrar en la consulta, cuando me vino la idea de escribir este absurdo relato (que bien puede ser bueno, malo o regular), pero siempre necesario queridos lectores, o quizás fue que mientras esperaba mi turno en uno de los sillones de la consulta del psiquiatra, estaba tan aburrido que el saqué el cuaderno de notas que habitualmente llevo siempre en la chaqueta, enseguida me dio por pensar, imaginar, inventar o contar algo acaecido, contar el  planteamiento, nudo y desenlace de esta ingenua o excepcional experiencia, e hice una narración cualquiera, ya saben,
 Consistía en que yo había llegado hasta allí después de encontrarme con un matrimonio que discutía en el ascensor sobre el  piso en que se hallaba la consulta del psiquiatra, la misma donde yo me dirigía, el lugar donde aún sigo esperando mi turno para contarle al Dr. Fernández de la Loma mi estado actual después de llevar dos meses tomando antes del desayuno las píldoras de color rojo.


Este relato se publicó en El cuadernillo La Molineta.( 2.006)
                                                          

                                                                      


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