lunes, 2 de marzo de 2015

CRÓNICAS DE LAMIA.

ARDIENTE DESEO



         A Lamia, siempre



                                Y qué me vas a hacer…?- Dijo ella-.
                                                 (Roberto Bolaño)




La gélida tarde de Febrero se ofreció generosa para que nuestros cuerpos ardieran de deseo. Esa tarde habíamos ido a la Librería, y todo estalló en la sección de libros de fotografía, cuando ojeando un bonito álbum erótico nos detuvimos ante la imagen de una bella mujer desnuda, la fotografía era en blanco y negro, y la estampa lasciva que ofrecía aquella mujer masturbándose nos sedujo. Entonces  fue cuando tú iniciaste el juego, rozando una y otra vez tu espléndido pecho por uno de mis brazos que sostenía el libro, de pronto surgió la llama, el fuego, mirábamos intensamente la fotografía y los dos ya estábamos en aquel cuarto lujurioso, yo haciendo el amor con la desenfrenada mujer en su seductora cama, y tú mirándonos, sentada en la silla donde ella previamente había colgado su ropa interior. Ahora tú mirabas muy gozosa cómo yo la penetraba, con los ojos lúbricos clavados en los cuerpos ardientes, y ardorosa también, y así te fuiste desnudando, sin apartar la vista de los otros cuerpos jubilosos, hasta que comenzaste a acariciar tu cuerpo, te masturbabas, jadeabas al compás, hasta que un orgasmo salvaje coronó los tres cuerpos. Acabada la escena, otra vez estábamos tú y yo mirando la fotografía. Aún fogosos, húmedos, ardientes, fuimos entretanto abandonando la Librería, salimos a la calle, y la ya noche glacial, nos recibió feliz bajo una luz marina que saludamos con anhelo, porque habíamos disfrutado una vez más de un juego perverso que inventábamos cuando salíamos aquellas tardes gélidas de Febrero en busca de nuevas aventuras que posibilitaran que nuestros cuerpos ardieran de deseo.



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