domingo, 3 de mayo de 2015

ROBERTO BOLAÑO

A Gontzal Díez


Aquella noche que salí solo por la ciudad de Recuerdo me convertí en un detective salvaje. Roberto Bolaño, ya enfermo, me seguía, sentía sus cercanos pasos, incluso percibía su dificultosa respiración, entonces, me paré a esperarlo en medio de la noche oscura. Yo no tenía en ese momento miedo a la muerte, creo que él tampoco, por eso cuando el chileno me miró a los ojos, no tuvo ningún reparo en sacar de uno de los bolsillos de su abrigo, 2666, su libro póstumo. De ese modo sentí que aquella noche nunca lo olvidaría, y siempre leería sus libros.

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