sábado, 4 de julio de 2015

DEL SIGLO DE ADOLFO SUÁREZ AL SIGLO DE ÁGUEDA BAÑÓN


A Gabriel Cantabella Carrilero, mi padre, en memoria

Yo viví la primera parte de la transición democrática en España, muy joven, con apenas catorce o quince años, y no tenía la suficiente conciencia para saber lo que realmente estaba pasando en mi país, pero fui cumpliendo años, naturalmente, y empecé a discernir cuestiones políticas y sociales, algunas de ellas mezcladas con rock duro, la movida de los primeros años ochenta y alguna fiesta que otra, bicicletas, futbol, huerta y trabajos diversos; así mi conciencia social y política fue avanzando muy despacio a través del primer gobierno democrático  de Adolfo Suarez, después el de Calvo-Sotelo, y posteriormente se empezaba a rumorear un nuevo cambio político. Un nuevo cambio político liderado por un joven  abogado laboralista socialista llamado Felipe González. Para los jóvenes de mi edad, entonces, yo contaba ya con diecinueve o veinte años, fue toda una ilusión por un cambio radical en las políticas anteriores que nos llevaría a ‘la libertad’ y a la normalización de un estado de derecho, a una monarquía, en definitiva todo regido por una Carta Magna llamada Constitución Española, y en la que creímos. Así seguí caminado por los fúgidos y deslumbrantes primeros años socialistas llenos de modernidad en todos los sentidos: culturales, sociales, políticos (Unión Europea incluida), económicos, etcétera, hasta que aquella ilusión primera empezó a fracasar por la última gestión de aquél abogado laboralista que nos fue defraudando. Poco después vino un gobierno  liderado por José María Aznar, que algunos dijimos que no era de nuestra condición pero aceptamos como buenos ciudadanos, y seguimos caminando, hasta que años después de ser inflada la economía en nuestro país, y una famosa foto de unas botas encima de una mesa junto al presidente de los Estados Unidos, en una isla de cuyo nombre no quiero acordarme, marcó casi el fin de una gestión que fracasó, luego llegó José Luis Rodríguez Zapatero, y se volvió hablar de cambio, de promesas, utopías, y demás, hasta esa gestión también se disolvió en pro de un nuevo presidente del gobierno llamado, Mariano Rajoy, que tomó  las riendas de nuestro país, aún sigue en el empeño.
Este quizás sería para mí un rápido y concentradísimo  extracto de la evolución democrática en España hacia no se sabe dónde, pues con la llegada hace unos años de la denominada crisis mundial empezó todo a desvanecerse, ésa democracia hizo aguas: entonces la corrupción política, la corrupción política, y la corrupción política en todos los partidos fue haciendo que muchos ciudadanos como yo, dejáramos de creer en los asuntos políticos, y llegó el desastre: descomposición social y política, y descreencia en ciertos valores que nos quisieron inculcar.
Ahora, después las últimas elecciones Municipales y de Comunidades Autónomas, parecía el nacimiento de un periodo nuevo de ilusiones políticas, con nuevos partidos como Podemos, Ciudadanos, una nueva IU, un PSOE nuevo, y otros grupos minoritarios, que nos quería devolver esa nueva ilusión por el cambio, por un nuevo cambio, como aquél de mi juventud ya lejana, pero nos hemos dado cuenta inmediatamente que el cambio no llega íntegramente, la lucha por el poder es una nueva batalla de Flandes, y el partidismo interesado manda en nuestro país.
Curioso es, que con la llegada a la alcaldía de Madrid y Barcelona de dos personas con una mirada diferente, moderna, conciliadora y pacífica cuanto menos, el revuelo ha sido muy grande, porque hay muchos políticos que les cuesta dejar sus sillones en los que están muy acomodados viendo cómo el país se hunde. Aquí hemos tenido que soportar el choriceo (palabra ya admitida por la RAE de políticos corruptos, el mangoneo de alcaldes, consejeros, ediles, funcionarios, y demás familia, miembros de esa especie, esa estirpe acomodada llamada políticos, y encima nos han querido evangelizar con preceptos que distan mucho de la realidad del ciudadano de a pie; y así, lógicamente, cada vez se ha hecho más larga la distancia entre el ciudadano y el político, entre el pueblo y sus gobernantes.
Yo, que me he movido en los veinticinco últimos años en el mundo de la Cultura me quedo cada día más asombrado, sabemos de consejeros de cultura de diferentes regiones de España corruptos, incluso algunos han pagado su perversidad y vicios con las tarjetas del dinero público, con fiestas, trajes, yates, prostitución, relojes de lujo, drogas, y demás golosinas. Y ahora, todavía más curiosamente, cierta parte de la sociedad española se echa las manos a la cabeza, se rasgan las vestiduras por unas fotos en actitudes provocadoras en espacios públicos de Águeda Bañón, la nueva Directora de Comunicación del Ayuntamiento de Barcelona, una mujer, una chica joven, gran profesional, una ciudadana que durante un tiempo se dedicó a la realización de performances, videos, y talleres pornos, que tenían mucho que ver con el Manifiesto Post-porno, un movimiento que trata entre otras muchos asuntos de trascender el feminismo clásico, tratando de descodificar la pornografía, visto desde una mirada crítica del capitalismo opresor.

Realmente siento mucha pena por mi país, por las políticas de mi país, y por el ‘enmierdamiento’ de esta mal llamada, y ya casi caduca, democracia, con su Carta Magna, que yo empecé a descubrir como decía al principio en mi juventud, y fui siguiendo en ese largo periodo que he descrito, desde Adolfo Suárez a Águeda Bañón. En realidad qué poco hemos evolucionado, aunque yo tenga treinta y cinco años más que entonces, pero parece o me parece a mí, que solo han pasado dos semanas y media… o dos siglos…




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