jueves, 17 de septiembre de 2015


SIN ESCRÚPULOS



Ella fue cómplice desde el preciso instante que me vio pasar a su lado, y la bolsa del supermercado, llena de productos de limpieza rozó levemente el contenedor de basura; ahí fue cuando algo explotó en nuestros corazones e hizo que yo la amara locamente de por vida, y que imaginara a esa mujer ya real, un amor con el que yo viviría locas pasiones irracionales y compulsivas, entonces, fuimos ya cogidos de la mano por la avenida que conducía a su casa, hasta nuestra alcoba, donde enseguida ella puso un cubrecamas de plástico mientras hacíamos el amor. Yo sentía esas sábanas de abajo, las acariciaba desde la lejanía, y después del intenso amor, mientras recorrí su casa, cogido de su rasposa y sin duda, amorosa mano, aquél maravilloso museo-casa, ese caos, y a la vez decadente maravilla... Y así, detenidamente, con la paciencia de dos enamorados enfurecidos de amor, fuimos acariciando esas manivelas de las puertas desdibujadas por el amoniaco, las alfombras cubiertas de papeles de estraza que las protegía, y más tarde salimos al jardín que era sólo maleza roído por la lejía. Pronto volvimos dentro otra vez poseídos por la pasión desmedida, amándonos en esas maravillosas sillas descompuestas por los estropajos de níquel, y cenamos utilizando la vajilla ya sin los bordes y dibujos típicos de Bohemia, hasta hoy, el día de nuestra boda, que por variar nos hemos empeñado en casarnos de negro, ese color que tanto nos gusta, no sabemos por qué, pero quizás haya sido porque el concejal que nos casa en los juzgados de la bella y olvidada ciudad de Recuerdo es de profesión, un vetusto y desprestigiado dermatólogo.



                               (Dibujo de dementes. Francisco de Goya)


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