martes, 3 de noviembre de 2015

                                    NO MÁS CUENTOS


Perdona el atrevimiento Caperucita,

pero no me creo tu cuento.

No entiendo los motivos
que debiera tener el lobo para comerte,
quizás todo haya sido un juego por su parte,
un divertimento, pues la aburrida atmósfera del relato
no invita a pensar otra cosa.
Ahora, el pobre lobo
anda por el bosque muy deprimido,
algunas noches, cuando me voy a dormir
viene hasta mi cabaña, y junto a mi almohada,
me cuenta su episodio de otra manera,
en realidad no tiene nada que ver
con lo que cuentan los hermanos Grimm,
ya sé que la culpa no es tuya,
pero siempre te hiciste la mártir.
Aunque no sufras, si te sirve de consuelo
yo también considero
que la historia de mi vida
es igualmente muy poco probable,
como la tuya, y la de tanta gente,
por eso suelo escuchar
con atención a ese pobre lobo,
sin embargo, no creas
que soy tan ingenuo,
con él tengo mis reservas,
no vaya a ser que una noche de esas
que viene a mi lado
a contarme sus pesares,
se me ocurra susurrarle al oído:
que qué boca más grande tiene,
y me conteste:
que para comerte mejor.



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