lunes, 18 de julio de 2016


ESTAMBUL

Hace 25 años que estuve en Estambul, la única vez, y me pareció una ciudad maravillosa. Una ciudad llena de encanto, de vida, de ilusión, de cruce de culturas, con ansias de progreso, y sobre todo, vehículo entre Oriente y Occidente. Una ciudad que a través de los siglos fue asediada por diversas guerras, como un buen sparring ha sabido encajar en cada época el castigo del hombre, y como el ave fenix, resurgir de sus cenizas.
Los políticos y la religión, a mi entender, han sido en estos 25 últimos años los que no han sabido cuidar de esta majestuosa ciudad, y en su conjunto, de Turquía; un país, con una riqueza sobrada, pero muy mal gestionada, y con una ciudadanía (no toda, claro) que cada vez quiere estar más abierta al mundo, a Occidente, con una sociedad que en casi toda su unidad, quiere modernizar su modo de vida y estar asomados tanto a lo que ocurre en el mundo, como a sus tradiciones Han sido los políticos, los depravados y corruptos políticos, y los fanáticos religiosos los que han descompuesto, o están intentando descomponer con sucesivos atentados terroristas, incitados por aquellos (políticos y religiosos) esta ciudad magnífica, un país maravilloso.

Turquía saldrá adelante a pesar del reciente golpe de estado, y Estambul seguirá siendo cuna de cultura, de poetas, periodistas, escritores, directores de cine, arquitectos, etc... Gentes que miren hacia atrás con respeto, pero que no dejarán de otear el horizonte, una sociedad maravillosa que quiere romper alambradas y muros, y sobre como antes decía, despertar al nuevo mundo, no a la globalización engañosa que nos quieren vender los políticos siniestros, y sí al respeto al otro, a la tolerancia, a la fusión de culturas, al consentimiento de convivencia entre razas y religiones, en definitiva, esa sociedad que tanto ha defendido en sus novelas y escritos mi admirado Orhan Pamuk, maravilloso escritor y activista político, Premio Nobel de Literatura 2.006, a quien dedico esta sencilla reflexión recién salida de la conciencia y el corazón de un ciudadano del mundo como yo, que sigue creyendo a pesar de todo en el ser humano; y por su puesto, dedicar al pueblo turco que quiere navegar desde la oscuridad hacia la luz de un nuevo amanecer.



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