domingo, 15 de octubre de 2017

EL ÚLTIMO VIAJE

I
Ella misma fue la primera sorprendida cuando se vio salir de la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga en dirección a la playa que no distaba más de cincuenta metros. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo mucho que había bebido, y de lo sola que se sentía desde hacía mucho tiempo. Por eso no le costó dejarse llevar por un cuerpo entregado a aquella soledad ya compañera de un largo e interminable viaje, se detuvo en la orilla de la playa a contemplar el horizonte, y por mucho que oteaba a con su vista cansada y derrotada, no pudo ver más que su alma solitaria, su corazón desganado,  su psiquis marchita, junto a un sol anaranjado que anunciaba el fin de otra triste tarde más, tan reconocidas por ella. Se apresuró en ese instante a introducirse en el mar calmo, y sintió un gran escalofrío tan desagradable, que su cuerpo se heló tanto o más que sus abatidos sentidos. Retrocediendo se dejó caer en la arena caliente, se amarró con todas sus fuerzas a ese calor, fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba pensando en aquel hombre que la había visitado en el estudio en donde pintaba muy céntrico de la bella y olvidada ciudad de Recuerdo, en donde vivía. 
II
De esa manera fue cuando advirtió que su vida estaba a punto de cambiar, un calor intenso hizo que junto al alcohol ingerido entrara en un sopor ya irresistible. Se dejó abandonada a cualquier suerte, ya adormilada, no fue capaz de resistirse; en el sueño él estaba en su escritorio sentado, escribiendo para ella un relato en el que una mujer, una hermosa mujer de cabellera rubia, salía de la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga, embriagada de alcohol, se dejaba llevar por una derrumbe emocional, asistía pues ante sí misma ante el ceremonial del fin de una vida ya antigua, casi olvidada. 
III
Fue entonces cuando despertó del sueño,decaía la tarde, estaba ahora junto al cuadro nuevo que pintaba desde hacía unos días, en él un hombre al que amaba con todas sus fuerzas, escribía, ahí fue cuando todo se desveló ante ella, un hombre que a su vez, la amaba con locura escribía la historia de un amor incipiente, un amor duradero, un amor eterno, lo que siempre deseó, la historia de una pintora, una mujer ebria de alcohol, entregada a cualquier suerte, en una playa, que era un estudio donde una mujer pintaba, que era un escritorio, donde un hombre escribía...
IV

Se vistió rápida, pues su marido, el hombre al que ella ya no amaba, la esperaba inquieto, como siempre, para salir, pues la noche se echaba casi encima, no le dio tiempo casi a peinar su larga cabellera rubia, menos aún ponerse carmín en sus bellos labios. Salieron juntos del edificio, cogieron su coche aparcado muy cerca, una vez montados, él sonrió con cierta malicia, convencido de que no volverían muy tarde de la fiesta de cumpleaños de la mejor amiga de su mujer, ella miró hacia atrás a sabiendas de que era su último viaje junto aquel hombre casi desconocido con el que vivía desde hacía demasiados años. 

(Imagen: Luc Tuymans. Mortsel, Bélgica, 1958)

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