domingo, 5 de enero de 2014






ENTREVISTA AL PROFESOR VICTORINO POLO GARCÍA CON MOTIVO DE SU JUBILACIÓN.




         El 14 de Septiembre del año 2008 tuve el placer y la suerte de entrevistar con motivo de su reciente jubilación, al profesor Victorino Polo García, una de las personalidades más relevantes de la Literatura Murciana, y de la Literatura Española de los últimos tiempos. La amplísima entrevista tuvo lugar en Onda Regional de Murcia, dentro del programa literario: La Torre de papel, espacio que dirijo desde hace siete años. Esta es la entrevista:

            José Cantabella: Profesor Victorino Polo: quisiera hacer un recorrido por su devenir profesional y vital; para empezar me gustaría que nos hablara de su nacimiento. Usted es manchego, nació en la Mancha…
            Profesor Victorino Polo: Si, efectivamente, en el pueblo llamado Fuente Álamo, de la provincia de Albacete, pero de inmediato quiero aclarar porque lo repito una y otra vez, que yo me siento no en rechazo manchego, sino todo lo contrario, porque asumo a su vez el haber vivido los primeros quince años de mi vida en Soria, en Castilla, y por tanto casi a todos los efectos respondo a lo que los biólogos dicen: que no donde se nace, sino donde se pace; a tal extremo que yo desconocía el aspecto físico de Fuente Álamo hasta los dieciséis años, unos tíos míos me llevaron para que reconociera entre otros lugares, la casa donde nací, la fuente donde me metía inopinadamente con grave disgusto de mi madre en general, y sobre todo la parroquia que tiene un santo curioso: San Dionisio Areopagita, claro esto un lugareño normal no tiene por qué saberlo de San Dionisio, en cambio lo de Areopagita ya implica una raíz cultural griega etcétera, que no es el caso de explicarlo en este  momento, pero que tiene la curiosidad y el atractivo al que aludía antes.
            J. C. Hablemos de sus padres.
            V. P. Mi padre era maestro de Enseñanza Primaria, lo que después se llamó, a partir de acabada la guerra civil española, Maestro Nacional de Enseñanza Primaria; y mi madre era lo que normalmente se entiende por sus labores, ahora bien, quiero destacar dos o tres cosas de ellos, en primer lugar el hecho de un agradecimiento inmenso por la calidad que los caracterizó a los dos, tanto en lo humano cuanto en lo profesional, y que por mi parte yo no hubiera desarrollado ni siquiera la cuarta parte de lo poco o mucho que he hecho si no hubiera tenido ésa calidad de padres, eran los dos muy inteligentes, muy sensibles, muy cultos, preocupados extraordinariamente por la enseñanza, por el saber, por lo que podían transmitir, y por lo que podían recibir. En todo caso yo recuerdo a mi madre como una mezcla entre Santa Teresa de Jesús y una mujer espartana, y otra mujer de la comunidad del pueblo, normal, hipersensible. Mi padre era el clásico intelectual, no es que viviera fuera del mundo, todo lo contrario, pero no tenía casi ningún sentido práctico de la vida, que le aportaba mi madre, muy culto, gran lector, melómano extraordinario, tocaba el piano muy bien y tocaba el violín.
            J.C. Usted pasa pues la infancia en Soria, es un niño de la posguerra. ¿Qué imágenes tiene de esa época?
            V. P. Si hubiera que ponerlo en términos cuantitativos o matemáticos diría que un noventa por ciento de felicidad creativa y un diez por ciento de elementos dolorosos, pero coyunturales.
            J.C. ¿Sus primeros contactos con las Letras?
            V. P. Se producen antes de empezar a estudiar Bachiller. En el pueblo que yo vivía, que se llama Duruelo de la Sierra, donde mi padre era Maestro, yo hice toda la Enseñanza Primaria con él. Había dos pequeñas bibliotecas, una en la escuela, como consecuencia de la distribución de libros que venía de la República, y otra biblioteca parroquial, el sacerdote era muy amigo de mi padre, mi padre fue republicano toda su vida, librepensador y laico; yo devoraba todos los libros. Los libros los he tenido desde siempre, de modo que cuando comienzo el Bachiller yo estaba leyendo por recomendación de mi padre con catorce años “Los héroes” de Thomas Carlyle, que es un libro excelente, pero no es un libro fácil, ni mucho menos es un libro asequible para un jovenzuelo montaraz de catorce años.
            J. C. ¿Y pronto decide que quiere ser profesor?
            V. P. Sí. Quizás esto es una gran influencia materna y paterna, por ambas partes, pero sobre todo del padre, en plan profesional. Esta vocación docente creo tenerla desde que empecé a estudiar, y siempre con la imagen de mi padre al fondo, y a partir de ahí fueron pasando los años y cada vez estaba más convencido que ni sabría hacer otra cosa, ni me gustaría haber hecho otra cosa que lo que estoy haciendo, y mis alumnos me lo oyen decir más de una vez durante los últimos treinta o cuarenta años: que me pagan por hacer aquello que me gusta y que si yo tuviera un patrimonio normal, no cobraría por dar clase, pero si hubiera tenido un patrimonio excesivo habría pagado por dar clase, y casi seguro hubiere fundado un centro de enseñanza en los tres niveles.
            J.C. ¿Entonces, enseguida empieza a estudiar la carrera?
            V. P. Hice el Bachiller acelerado, comprimiendo cursos en años, vine a estudiar a Murcia, exactamente el 12 de Julio de 1958, me examiné de lo que ahora llamamos prueba de selectividad, un calor horrible, realicé la licenciatura, y sabía que me iba a dedicar a la enseñanza antes de terminar la carrera, porque en el verano del segundo curso, mi padre me aconsejó que hiciera la oposición a Maestro Nacional y luego que continuara la carrera. Y efectivamente, hice la oposición de Maestro Nacional, no llegué a dar clase, pedí la excedencia, y a partir de ahí todo fue rodado, la Licenciatura, el         Doctorado, y la permanencia en lo que antes se llamaba la Escuela de Formación del Profesorado, con vistas a Enseñanza Media y me dieron una beca para el Instituto Fray Luis de León de Salamanca.
            Siempre he hablado y escrito mal del sistema de oposiciones, porque me parece absurdo y falto de toda idoneidad. Pues mira: Maestro de Enseñanza Primaria, Profesor Adjunto de Instituto, Catedrático de Instituto, Profesor Adjunto de Escuela Universitaria, Catedrático de Escuela Universitaria, profesor Adjunto de Universidad y Catedrático de Universidad. Mi padre que tenía un sentido del humor finísimo, cuánto se habrá reído de mí, decía: para no gustarte las Oposiciones, hay que ver…Siete aprobadas y tres suspendidas, Cuánto tiempo de tu vida habrás dedicado a eso.. Y yo no me reconozco por el mundo nada más que dando clase. Estoy en la Universidad desde el año 1963 dando clase.
            J.C. Luego llega la Cátedra de Literatura Hispanoamericana.
            V. P. Así es, la Cátedra de Literatura Hispanoamericana llega en el año 1986. Quisiera hacer en este momento un recuerdo elogioso a tres profesores que tuve en la Universidad: D: Ángel Balbuena, D. Manuel Muñoz Cortés y  D. Mariano Baquero.
            J.C. ¿Usted siempre ha sentido mucha afición por la Literatura Hispanoamericana?
            V. P. En el siglo XX el gran capítulo de la narrativa está escrito en español, como españoles: Cela, gran escritor y sobre todo los escritores hispanoamericanos, diez o doce escritores y no exagero. A partir de ahí se intensifica mi afición hacia esa literatura, cada vez descubro más ese deslumbrante mundo, sobre todo en narrativa y poesía y es lo que vuelco en los estudiantes, cursos y en mi propia lectura y escritura.
            J.C. Usted ha traído a Murcia a prácticamente todos los más grandes escritores españoles e hispanoamericanos del siglo XX.
            V. P. Creamos ciclos de Literatura viva, a raíz de eso, los escritores buenos no basta con que leamos sus libros. Me siento muy orgulloso de que todos esos grandes escritores, españoles e hispanoamericanos, hayan pasado por nuestras aulas,  paseado por nuestras calles, y hayan tomado café en nuestras cafeterías.
            J.C. ¿Qué escritor de todos ellos le ha llamado especialmente la atención?
            V. P. El escritor que más me llamó la atención por diferencia de comportamiento fue José Donoso, con la humanidad física que tenía, con su facundia, y descubro que detrás del escritor está el hombre comprometido con su época y sus problemas.  También Mario Vargas Llosa, por su talento y su rigor de trabajo. Desde el punto de vista vital: Guillermo Cabrera Infante. En lo más emotivo: Roa Bastos, una gran calidad humana.
            J.C. ¿Y qué escritor se le ha escapado?
            V. P. Solamente uno, y las tres veces que he hablado con él, siempre me ha dado la misma respuesta, qué cómo iba venir a Murcia si había rechazado ofertas de Oxford, Yale, etc.
            J. C. Después llegan las conferencias, congresos, ciclos…
            V. P. Eso ha sido tremendo. Yo mismo me sorprendo y me digo que de dónde he sacado tanto tiempo para atender todo eso. Esto me ha llevado mucho tiempo, y donde más a gusto me he sentido ha sido en la organización de cursos y encuentros aquí en Murcia. Si revisamos los datos desde el año 1980 aproximadamente vuelvo a decirte que me sorprendo de la cantidad de gente que ha pasado por aquí.
            J.C. También satisfecho de haber pertenecido al jurado del Premio Cervantes en varias ocasiones.
            V. P. Debo de decir en general y no es falsa modestia que me siento muy orgulloso de haber participado en seis ocasiones en este jurado del Premio Cervantes, y sobre todo de haber contribuido a que se le concediera el galardón a Cabrera Infante en la primera oportunidad, de la que más orgulloso me siento. También orgulloso porque por lo menos he contribuido modestamente a haberle otorgado el premio a escritores que merecen todo mi respeto y soy admirador de ellos.
            J.C. Hay otra faceta suya que es la de escritor, articulista, ensayista y poeta: Háblenos de esa faceta.
            V. P. Esto son dos ríos paralelos, desde que yo empiezo a estudiar el Bachiller en serio ya estoy escribiendo, yo he escrito toda mi vida, creo que no he dejado ni una semana de escribir algo. Pero llegó un momento en que me di cuenta que las capacidades que Dios y la Naturaleza me dieron siguen dos caminos, en la enseñanza como profesor y en la escritura como creador, era más importante, es decir, tenía más desarrollado el síndrome de la Enseñanza y menos el de escritor, con esto no quiero decir que sea malo, sino que haciendo el balance, para orientar y dedicar la vida a todo eso, la elegí sin dudarlo, profesor en activo siempre y escritor en privado siempre. Hasta que llegó el momento en que en determinadas circunstancias me decidí a publicar mi primer libro de versos, que es un libro geométrico, muy simétrico que abarca las tres grandes actividades de la vida humana: la historia, el arte y el amor, porque sin ninguna de las tres la vida no tiene sentido; y luego vinieron otros libros de creación, además de los de investigación.
            Lo de ensayista me ha gustado siempre, es una forma de escribir viva y desde el año 1975 me llamaron de un periódico, un director, con dos condiciones: no me pagas y no me mueves ni una coma. Es una labor interesante que un profesor desde su asignatura, desde su conocimiento, proyecte la labor universitaria, una ventana por lo menos hacia la sociedad que nos justifica.
            J.C. ¿Su libro de cabecera cuál ha sido?.
            V. P. Dos o tres. En primer lugar aunque esto parezca conservador, La Biblia, porque en la Biblia está casi toda la Literatura, desde los libros históricos, de compromiso, hasta los libros sentimentales, tragedias, cantos, ahí está todo, esa lectura ha sido habitual en mi vida. Luego ha habido dos grandes poetas a los que he leído desde muy joven, Antonio Machado, que es el que más he leído, y Pablo Neruda, estas son mis aficiones personales, no mi opinión profesional, es lo más emocional.
            J.C. Borges o Cortázar?
            V. P. Como diría un castizo, los dos, porque en estos casos elegir siempre es injusto. Borges tiene una frialdad, pongamos esto subrayado, que nunca tiene Cortázar. Borges no tiene la capacidad de juego de Cortázar. Así que si tuviéramos que buscar en síntesis un escritor que reuniera narrativamente todo lo que cabe esperar de él, tendríamos que llamarlo Borges-Cortázar o Cortázar-Borges.
            J.C. ¿Cervantes o Quevedo?
            V. P. Cervantes como lo más grande que ha escrito un hombre que se llama D. Quijote de la Mancha; esto no está al alcance de casi nadie, pero como escritor, Quevedo es mucho mejor escritor que Cervantes, lo que pasa es que Quevedo tuvo la desgracia de no acertar con la gran obra genial, que es el gran talento que tuvo Cervantes.
            J.C. ¿Además de lo literario, qué cosas hace Victorino Polo?
            V. P. Hago muchas cosas, aunque algunas son inconfesables, por ejemplo me gusta mucho la jardinería, todo lo que se refiere a tocar la tierra con las manos, me encanta, y por eso siempre vuelvo hacia las zonas montaraces o montañosas, es decir a mis pinares de Soria. Me gusta modelar y pintar, y en casa conservo unos cuadros entrañables de cuando mi madre (que pintaba muy bien) me enseñó a manejar, primero, el óleo que es sencillo y luego las acuarelas que es lo complicado. Me gusta la música de todo tipo, estudié la carrera escuchando música con una radio de unos tíos. Me gusta conversar, me gusta la amistad, me gusta hablar, aunque no sea de conversación, así que siempre que me invitan para hablar de lo que sea, allí estoy, y algunas cosas más…
            J.C. Hablemos de su familia actual.
            V. P. Aparte de los hermanos que pertenecen a la familia anterior, mi mujer es Carmen Alba, que es catedrática de Física y Química; tengo tres hijos, el mayor, Javier, hizo Derecho, pero tiene mucha afición por las Letras, escribe muy bien, tiene muchos amigos escritores, a su vez tiene dos hijos, mellizos, una niña y un niño; luego mi hija Lidia, que también estudió Derecho, que tiene una hija, que es la mayor, y la tercera hija es Mari Carmen que es médico, y que tiene a su vez un niño. Ese es el núcleo familiar que tengo desde hace muchos años, y con el que espero morirme dentro de muchos años si Dios quiere, cuando estos nietos sean hombres y mujeres hechos y derechos, y hechas y derechas, como se decía antiguamente.
            J.C. Hablemos de su reciente jubilación.
            V. P. Poniendo un poco de humor: la jubilación debería de estar prohibida por decreto, y el que quiera jubilarse que se jubile, y el que no, y siempre que tenga dotes físicos y mentales, que continúe, dicho lo cual, me jubilé oficialmente el 10 de Marzo del 2008 cuando cumplí los setenta años, el rector de la Universidad generosamente nos concede terminado el curso académico, con lo cual se hace efectiva esa jubilación el 30 de Septiembre del 2008, a partir de ese momento, podríamos ser o no a petición propia profesores eméritos, y según decisión subsiguiente del rectorado y de la junta de gobierno. Yo no tenía pensado pedirlo porque tenía tantas cosas a medio hacer y tantas cosas por terminar que un día le dije al Rector en plan de humor: si me dejas el despacho y un teléfono yo no me pido el ameritado, me dijo, pues muy bien, concedido, pero me llamó al poco tiempo y me dijo: si no das clase y estás muy bien, se queda un tercio del programa sin dar, chantaje moral que yo acepté, pedí lo de emérito, me lo concedieron generosamente, y a partir del día 1 de Octubre del año 2008 con el mismo trabajo que años anteriores, sin variar un ápice, continuaré ya no como Catedrático en activo, sino como Profesor Catedrático Emérito de la Universidad de Murcia.
            J.C. Y ya para ir terminando me gustaría que nos hablara del contacto y trato con sus alumnos.
            V. P. Siempre ha tenido como una especie de bisel, por una parte he procurado transmitir lo que la enseñanza que nunca debió de dejar de ser educación debe ser, y en lo que debe consistir por parte del profesor, que ni es un amigo de los alumnos, ni es un colega, ni es un colaborador, ni aprende junto con ellos, no, el profesor aprende, digamos, juventud e impulso de sus alumnos y los alumnos deben de aprender ciencia y sabiduría y otras muchas más cosas de su profesor, así que siempre he procurado estar cerca de ellos, y en ese sentido no me puedo quejar, por lo menos unos grupos muy cualificados han recibido bien el mensaje. Por otra parte los he considerado como un elemento esencial, sin el cual no tiene sentido la enseñanza, y también por esas veredas les insisto una y otra vez que no deben de limitarse a estar sentados en un banco recibiendo las sabias explicaciones del profesor, y que deben de participar activamente, y cuando se tiene la suerte de una enseñanza y asignaturas como las nuestras, que están basadas en los libros, el libro debe de ser el punto de concentración, a partir de ése libro, que es lo hermoso, viene la voz del profesor que se refleja ahí, y la voz del estudiante, y la subsiguiente corrección; porque siempre les digo: si yo supiera tan poco como vosotros sabéis ahora, no deberíais estar aquí, y si vosotros supierais tanto como yo para enseñarme, no deberíais estar ahí tampoco, de modo que yo creo que entienden muy bien la relación.
            J.C. ¿Cree usted que ha cambiado el alumno de hoy con relación al alumno de hace veinticinco o treinta años?
            V. P. Yo creo que hay tres etapas del estudiante: una etapa en la que yo empecé, donde el entusiasmo por estudiar todavía era casi el mismo que yo tenía, porque sabíamos que la carrera y la enseñanza iban a producir una liberación vital básica. Otra etapa donde los estudiantes tienen una mejora de la situación económica y consideran la carrera, medio para conseguir un puesto de trabajo en la sociedad. Y ahora actualmente donde existe un porcentaje pequeño de auténticos estudiantes, los que en su conjunto son mejores que los de las etapas anteriores, incluso de la mía, y luego hay una gran cantidad de estudiantes, quiero llamarles despistados, que están allí como podrían estar en otro lugar, cuya participación es difícil de lograr.
            J.C. ¿Díganos cuales  son los próximos acontecimientos literarios que va a organizar?
            V. P. Principalmente hay uno muy importante, lo patrocina directamente el Presidente de la Comunidad de Murcia, que es muy sensible a estas cosas que yo le agradezco, en Marzo del año 2009 haremos un gran encuentro literario básicamente español, más ampliamente hispanoamericano, con implicaciones universales, actualizaremos lo que está pasando con la novela y la poesía. Serán diez escritores, diez críticos, y diez profesores, en parte como congreso y se hará de todo ello un libro.
            También seguiremos con los Premios Cervantes, el Premio de Cuento Julio Cortazar, el Vargas Llosa de Novela y así un largo etcétera.
            J.C. ¿Alguna cosa que quiera añadir profesor?                   
            V. P. Tres cosas, primera y más importante, agradecerte que hayamos estado aquí esta noche practicando una de las cosas que más me gusta, como te decía antes, la conversación, te conozco muy bien, creo que me conoces muy bien también, y te lo agradezco de todo corazón,. Una segunda, que a través de las ondas se esté produciendo algo que siempre me ha atraído y con lo que siempre he batallado y trabajado, y es que los demás aunque no sean universitarios, tengan la oportunidad de oír hablar de libros, de enseñanza, de escuelas, de institutos, universidad, etc. Etc. Y la tercera es un deseo, que si quien me está escuchando ahora no ha leído nunca un libro que salga a la calle a comprar el primero que encuentre, y si no está clara la situación que me llame por teléfono y yo les recomendaré unos cuantos libros, y como es previsible, los que nos estén escuchando habrán leído muchos libros, que insistan, porque en los libros está casi todo escrito y  no sólo lo intelectual, lo vital, emocional etc.
            J.C. ¿La Literatura hispanoamericana tiene vigencia actualmente?
            V. P. Tiene más vigencia en función de esos grandes escritores que he citado anteriormente, los escritores del Boom, que tienen toda la calidad y han aplastado a las generaciones siguientes, pero actualmente, tanto en novela como en poesía hay autores muy representativos como para que cuando pasen unos años, y ya los grandes sean clásicos, la literatura hispanoamericana no tanto como en los años sesenta, pero sí que tiene una vigencia fuerte y una calidad notoria.
            J. C ¿Y la Literatura Española actual?
            V. P. Exactamente igual, estamos viviendo, como dicen, un momento dulce en toda la Literatura Española, tanto en la cantidad como en la calidad de los escritores y si eso lo vamos compartimentando, ocurre lo mismo aquí en Murcia, es decir, en Murcia se escribe mucho y muy bien; de modo que esto es un reflejo de lo que está ocurriendo en el resto del país, lo cual es para que nos congratulemos todos.
            J.C. Pues D. Victorino Polo García, gracias por su presencia aquí esta noche, gracias por sus palabras, me ha hecho muy feliz tenerle aquí por muchas razones que no voy a contar ahora y que tienen que ver con lo que usted me ha enseñado de Literatura, cosa que le agradezco profundamente.
            V. P. Todo lo que acabas de decir es compartido por mí. Muchas gracias a ti.

                                  

           

                                                                                              José Cantabella


*Esta entrevista se publicó en la Revista Lunas de papel nº 3 otoño-invierno 2008, revista dirigida por María José Sánchez Vázquez y José Cantabella.

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