domingo, 5 de enero de 2014

LIBROS DE RECUERDO




INFRALEVE.  MIGUEL A. HERNÁNDEZ-NAVARRO. 

Editora Regional de Murcia. 2.001




         Esta noche, mientras tratábamos de dormir, hemos oído ruidos, de pronto nos hemos sobresaltado, recordábamos entonces que durante la mañana y buena parte de la tarde habíamos leído el libro de relatos “Infraleve”, de Miguel Ángel Hernández-Navarro (Murcia, 1977). Quizás sólo era un malestar que recorría nuestro interior, lo que provocaba que el sueño no llegara, entretanto nos venían imágenes del anecdotario de un hombre feliz, la historia de un escritor que busca deliberadamente el abatimiento del ser, luego rememorábamos la transformación del maestro por una obsesión ante la sorpresa del discípulo o un hombre que ve en el patio de un psiquiátrico los cadáveres de mil quinientos filósofos, personajes estos que nos llegan desde ese apagado rumor del desasosiego y descienden al sótano del comportamiento humano, imágenes jamás clausuradas que volvían a cada instante casi al borde del sueño, personajes atormentados que sufren, además no saben si están soñando o es la realidad que agazapadamente los vigila. Tal vez nuestro autor sea también como esos personajes que sin admitirlo están abiertamente al acecho, un escritor que nunca escribe, un músico que jamás compone, siempre por debajo de la verdad. Para estar a salvo de posibles dificultades, el autor de “Infraleve” con deliberación ha tratado de ocultar datos, y esto conmueve aún más, creando un gran desasosiego, haciendo que los ruidos aumenten y perdamos definitivamente la ilusión por alcanzar el sueño. Ya lo intuíamos, después de leer la historia de un ser afortunado que nunca había sentido dolor, no saldremos indemnes, la desazón irá creciendo conforme la noche avance, entonces ésta la dedicaremos a la exploración de los límites de la condición de esos personajes que nos acosan, comenzará la búsqueda, ahora trataremos de desvelar los aspectos filosóficos y sicológicos de estas narraciones de finales inciertos, sorpresivos, inesperados, que tanto inquietan, a cada paso descubriremos que la realidad es mucho más cruel que su representación, los personajes se sucederán en amenazas, entretanto veremos a ese hombre mirando una bombilla encendida, con una incandescencia difícil de soportar, lo absurdo, lo irracional también busca su camino o quizás era que todo estaba vacío y a la vez extrañamente habitado. Cuando llega la alta noche nos quedamos escuchando lejos del codiciado sueño, y nos acordamos de alguien que tiene una pistola apuntándole en la sien izquierda, donde la invención traiciona al protagonista, el autor sigue con sus juegos preferidos, sueños y pesadillas, realidad y ficción, personajes atribulados por esas diversiones de la imaginación, esparcimientos donde el narrador se pasea confiado en que lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte, es Nada. Después de leer estos relatos, detrás de cada uno de ellos, después de los recuerdos condicionados, y saber que la noche ha sido muy larga, sólo nos resta la muerte. 


                                                     José Cantabella



 Este texto apareció en el Periódico El Faro de Murcia el jueves 3 de Junio del año 2.004.


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