viernes, 14 de diciembre de 2018

      CALADAS DE CUBA. MANUEL MADRID.
       (FUNDACIÓN 33, 2017)



                                                          A José Antonio Macías



Manuel Madrid es un reportero de raza, un gran periodista tocado por el don de la gracia de la palabra, un ser inteligente y un ciudadano atento a su realidad, una realidad que le asalta a cada momento, le corre por sus venas con pasión  y entusiasmo, y le preocupa a la vez. Viajero impenitente, lector voraz y poeta semioculto.
Dicen de él las solapas de sus libros, a saber, que nació  en Puente Tocinos, Murcia, en plena huerta, pero bien podía haber nacido en cualquier lugar del planeta, y cualquier siglo se hubiera o hubiese adaptado a su humildad, a su humanidad, a su saber. Apasionado de las relaciones humanas y con un mundo interior tan desarrollado que no tiene que figurar en ningún protocolo socio cultural modernista o postmoderno de esta sociedad banal en su mayoría, llena de periodistas que escriben al dictado del amo de lunes a viernes, y el domingo comen en casa de la suegra.
Un escritor, Manuel Madrid, que no programa sus libros, son ellos los que le salen al paso entre sus pasos por los lugares que visita: Cuba, Nueva York, Barcelona o París, Estambul, Moscú, Buenos Aires; sus pasos que retumban, ven, oyen y sienten, son el ritmo del lugar que  visita. De este lado, la conciencia, del otro, la consciencia del viajero reposado y asombrado a cada esquina, deslumbrado, ojos que ven esos otros lugares, que no son los mismos de las manidas guías viajeras, una realidad que tampoco es la circundante sino la suya, una existencia que él quizás solo quiera que sea un recuerdo, un recuerdo feliz por haber amado así, por haber estado en Cuba, lugar que vio nacer un libro del que hoy quiero hablar, contar: Caladas de Cuba. Crónica del verano del deshielo, un libro del que estoy pretendiendo escribir desde hace rato, que allí dirían, pero que a cada renglón me asalta la personalidad del poeta, del viajero, del reportero.
Un libro deslumbrante ya desde la edición, pasando por todos los meollos, escondites y verdades que lo habitan. Un texto dividido en seis partes: Libertad, Deseo, Fidelidad, Imaginación, Porvenir y Añoranza. Libro de viaje quizás, o un viaje interior que el autor necesita para entender su existencia en un mundo que no entiende y que trata de entender. Hoy es Cuba, mañana será otro país, pero siempre hablando del mismo ser humano, el de acá o allá, de ese lugar, de esos ciudadanos autóctonos o extranjeros. A cada página el lector advierte la aventura también del viajero, a veces muy mundano, nada culturalista, la evidencia también de las preferencias de ese ciudadano, del viajero por encontrar maneras de identificarse, y todo ello relatado con una prosa impecable.
Leer es obviamente el cometido del lector, y así fue devorado en primera instancia por quien escribe este libro, luego hubo un tiempo de relectura y de reflexión; en todo momento disfruté, ahora le toca a otros lectores, los cuales dirán mucho más y mejor que lo que yo aquí digo, esa es la a grandeza de la lectura, sus diversas interpretaciones. Por tanto animo a que sean muchos los que se aproximen a estos textos deliciosos, al viajero, figura poco explorada en la literatura española, que los lectores den muchas caladas a este prodigioso libro: Caladas de Cuba, el diario de un viajero muy atento, de un periodista imprescindible, de un ser humano apasionado que lo identifica.






1 comentario:

  1. Es una gran alegría para mí, un vecino anónimo de esa encrucijada de caminos que forman Puente Tocinos, Casillas y Llano de Brujas, corazón de la huerta de Murcia, estos días un mar de apio, recibir un día como hoy noticias tuyas a través de este comentario sobre ese libro de 2017 en el que traté de contar cómo era la sociedad cubana que encontré en pleno deshielo con Estados Unidos. Gracias, sinceramente, por tus atentas palabras, por acercarte a este libro con ese entusiasmo y por ser tan condescendiente. De verdad, mil gracias por esa amabilidad continua. Un abrazo, Manuel

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                                               MADUZ                                               Prefiero a lo que miro lo que creo. ...